Esto no es una declaración generacional
Nací en 1985. No lo digo por hablar de mí, aunque sí, soy muy joven y eso me hace apetecible para algunos. Para otros no. En la misma medida en la que soy o dejo de ser apetecible, hay cosas que me tocaron vivir y cosas que no. De esas cosas que me tocaron o no me tocaron vivir, hay algunas que dependieron de factores particulares, cosas que hablo en terapia porque pertenecen a la esfera del Particular, y otras que dependen de un orden más caprichoso, como puede ser el calendario, mi cuerpo y el sistema capitalista de producción. Ponele. También están la intermedias, esas son la mayoría: acceder a algo, no sé, leer a Bourdieu, es una decisión. Pero para leer a Bourdieu, un francés que se caga de la risa y te dice “leer a Bourdieu es una acumulación de capital simbólico”, primero tenés que nacer en un determinado lugar desde el cual puedas llegar a otro, como puede ser la facultad, donde te dicen “ah, no debemos sacralizar a Bourdieu. Pero su lectura es obligatoria”.Esta clasificación es la sociología. Gilada. Pura pretensión y aridez discursiva: salvaconciencias de pibxs en cuyas casas se leía Página. Pero la división funciona para que yo cuente una anécdota y que esa anécdota cobre sentido, lo cual no es mucho pero sí es algo.
Cuando estaba en tercer año del secundario, o en cuarto, empezamos a hacer todas las semanas un tipo particular de manifestación para reclamar boleto estudiantil: el subtepasso. No me dejás pasar al subte, pero yo passo. Esta idea brillante surgió de algún exponente del Puente, el partido que gobernaba el centro de estudiantes y que era como el hijo desmovilizado del F18 (Frente 18 de agosto), y en buena medida continuador del LEI, que fue el que empezó con la oleada de partidos independientes que sistemáticamente quedaron al frente del cole cuando la Franja desapareció (Oh, Frascara, Frascara, ¿qué fue de ti en todo este tiempo?) y el FLE (Frente de lucha Estudiantil/PO al mando del hijo mayor de Rieznik) juntaba poco y nada (aunque objetivamente se pueda decir que se la re bancaba y los boletines eran lo más, y a muchos nos presentó a Carli Marx, que nos rompió la cabeza y le dio un fundamento a nuestra rebeldía adolescente que era un toque menos despectivo que el de Kurt pero que nos permitía bailar Lithium libres de culpa).
No quiero hablar de por qué empezó la Oleada Independentista, porque medio que ya está dicho: aunque nadie lo termina de entender, todos lo saben explicar. Cosas que pasan. Lo que sí se puede agregar es que a partir de ese momento, la gente que salió del cole y empezó a armar cosas en las facultades se mantuvo casi siempre en la línea independiente. Prisma es, hoy por hoy, la expresión más clara (y más… interesante) de eso. La historia hizo que una institución que supo aportar líderes, o cuadros o como sea que lo queramos llamar, hoy forme políticos adolescentes: más que cuadros, láminas.
Reproducciones.
En tercer o cuarto año, decía, el subtepasso. Vamos los pibes, por un subtepass estudiantil, nazional y archipop. La cuestión fue que a medida que lo repetimos y lo repetimos, metrovías empezó a mandar, lo juro, infiltrados a las asambleas. Al principio cuando me lo contaron pensé “cualquiera”, pero después me empecé a dar cuenta de que los metrovías, justo en los días de subtepasso, oh happy days when Jesus walked, caían con ochenta monos de seguridad .O ponele que veinte, pero si tenés 15 años te asustás igual. Y la secuencia se empezaba a repetir, aunque se cambiara el día, aunque se dejara de avisar por asamblea y circulara por delegados, aunque se volanteara y no se dijera nada: ochenta monos en el subte. Después de un tiempo de discusión, decidimos volver a passar, sin dejarnos amedrentar por los monos, ni por metrovías, ni siquiera por nuestras mamás. Te passamos igual. Aguante el nazio.
Al poco tiempo, nos enteramos que un pibe del Puente, creo que se llamaba Nahuel, creo que era nuestro presidente, creo que tenía las manos muy largas y que sabía de política y que se parecía a Chacho pero más chiquito, había sido secuestrado. Fue algo re breve: lo subieron a un auto mientras él iba para el colegio, le pegaron, lo insultaron, y, acá viene la mejor parte (tengamos en cuenta que estamos hablando de un chico que tenía, como mucho, 17 años, y que estábamos, como poco, en el 2001), le escribieron con un cutter, en la espalda, “AAA”.
Ok. Las vinculaciones de la mafia de metrovías con la triple A quedan descartadas, eso desde ya. Pero el tema es, ¿por qué a la hora de atemorizar pendejos elegís ese símbolo? Por qué no otro: una svástica, un sticker de freddie krueger, ¿por qué pensás que la triple A del cutter es el mensaje más contundente que le podés dar un grupo de pibes que son, vamos a ser sinceros, los que pierden todos los torneos interescolares, los que a la hora de las piñas salen corriendo de toque, los que a cuando cae la policía en, digamos, BB Daikiri a las 2 am, llaman a la mamá diciendo “pasáme a buscar”? Vuelvo a lo de las categorías. No sin antes felicitar a los señores matones por su eficacia simbólica que sirvió para que a nadie más se le ocurriera decir “subtepasso” en una asamblea. Felicitaciones.
Evidentemente, ninguno de nosotros había vivido en el 73: cosas que pasan por factores caprichosos, como la fecha de tu nacimiento. Pero sí sabíamos, medio al tuntún, qué había sido la triple A: cosas que te pasan porque naciste en una casa en donde a los 8 años tu mamá te dice “López Rega fue malo, malo, malo”, y después te paga la academia en la que te preparan para un parcial para el que estudiás como el zopenco-desgraciado-sin-un-poquitito-así-de-vida-social que sos y en donde te muestran una foto en donde sale una flechita de un hombre pelado y vos tenés que poner (con letra CLARA, por favor, que son como cinco puntos) “López Rega”. Eso te tocó, pero también lo elegiste.
A partir de todo esto, nos pegamos un julepe padre, dejamos de passar, y sentimos en carne propia el fracaso de nuestros padres: cosas que hablás con tu analista si no tenés otros temas más quenchis y vas porque te hiciste dependiente del diván. Ahí, jodete por tarado.
No hace falta haber vivido en el 73 ni ESTAR en el 73 para juzgar lo que se hizo en el 73. Hay una explicación jurídica para eso, que tiene que ver con que (y acá puedo estar batiendo cualquiera) los tratados internacionales están, en la pirámide jurídica, a la misma altura que la constitución, y entonces los crímenes efectuados por organizaciones paramilitares afines política y económicamente con el Estado se consideran como de lesa humanidad, por lo que (y esta idea me parece muy muy muy hermosa) han sido efectuados contra la humanidad toda, desde tus tatarabuelos a tus bisnietos en caso de que los tengas, y entonces pueden juzgarse retroactivamente. O eso le entendí a mi abogada preferida en el happy hour. Pero más allá de eso, lo que experimentamos nosotros, estos cuerpos más o menos firmes que NO vivimos el gobierno de Isabelita, no tiene nada que ver con lo que se puede o no se puede joder con Perón. Hizo falta un Perón para que después apareciera un López Rega.
Ok. Somos la consecuencia de Perón, de Napoleón, de Rómulo y de Remo. Hasta ahí cerramos. Pero cuando a un pibe lo marcan en el cuerpo y vos te asustás y dejás de hacer esa cosa insignificante, mínima, y hasta adolescente que es reclamar por un boleto estudiantil, que en realidad no es que lo necesitás porque de lo contrario no vas al colegio, sino que lo hacés por ese primer impulso de la Política que es pensar algo en función de un colectivo; cuando pasan todas esas cosas, es cuando la triple A sigue operando. Ahí es donde la inercia de “todos los gobiernos precisan muertos” se vuelve insostenible. Ahí es donde el perdón no se explica, ni desde lo racional, ni desde la fibra más íntima de lástima que te pueda despertar una pelotuda, una viejita que sí, podría ser tu abuela, pero que por acción u omisión permitió que circulara desde el estado la guita suficiente como para matar a 1500 tipos. Y acá lo que jurídicamente se me escapa de las manos, políticamente se me vuelve tangible. Con el discurso del Hombre de arriba, “el garante de toda responsabilidad sobre las acciones de Estado”, Florencia Polimeni argumentó súper académicamente por qué Ibarra se tenía que ir. No voy a comparar a Estela Martínez con Ibarra, más vale. Pero sí con Fiszbin: desde el momento en el que elegís asumir un cargo que te rebalsa por todos lados, sos moralmente culpable. Y ahí la pregunta se va acotando, se enfoca un poquito más: ¿por qué, después de 35 años, enjuiciar ahora a Estelita que no entiende nada, que nunca entendió nada, y que ni bien pudo se volvió al viejo mundo para vivir y dejar vivir? Porque cuando a un chico le marcan tres As en la espalda, a todos nos agarra miedo. El miedo, como el perdón, no se explica. Pero te tapa la boca.
Por eso.
